Salvete, discipuli et discipulae!
Un nuevo curso hemos comenzado en el IES Los Molinos, en Cartagena. Y estoy muy feliz (aunque sé que voy a echar muchísimo de menos a mis alumnos y compañeros del IES Mediterráneo), porque siento que es un centro con enormes posibilidades y abierto.
Siempre me pongo nerviosa los días previos hasta que llego al aula y veo a los 'pequeños budas' con los que compartiré aprendizajes este curso. Al poco, todo se me pasa y siento en ellos las ganas de aprender y participar de las dinámicas.
Este curso, al contrario de lo que se podía esperar con esta situación que, a menudo, nos paraliza o empequeñece, yo he decidido apostar por una educación abierta a nuestro entorno, al canto de aves y a la mirada cómplice de animales o árboles. He decidido sacar mis clases al exterior, teniendo la suerte de contar con un patio amplio y lleno de vida vegetal.
Muchas veces desaprovechamos las posibilidades que los espacios nos ofrecen y nos cerramos por miedo o por desazón a la experimentación de nuevos modelos; reconozco que a mí me ha pasado muchas veces, porque lo cómodo no es esto pero, ¿es lo que realmente nos hace felices como docentes? ¿se sienten parte activa y oxigenada los alumnos?
Aún con las dificultades del exterior, ya que tengo que ingeniármelas para compaginar el curriculum (es decir, la parte más teórica y pasiva) con el movimiento libre, la experimentación y manipulación a través de materiales naturales (pues en el protocolo COVID-19 nos han limitado mucho) y de investigar el entorno, estoy muy motivada y contenta.
Sabiendo de antemano los beneficios que el contacto con la naturaleza tiene en nosotros, en nuestra salud física y emocional, otro motivo por el que me he animado a salir fuera es también para reducir el posible contagio en este momento, dadas las insuficientes medidas que se han adoptado.
Veía sensato y seguro impartir clase en el exterior y, aunque otros años lo he realizado de manera puntual (recuerdo ahora mi taller de mitología creadora en el patio del centro, con los alumnos pintando instintivamente mientras recitábamos a Cavafis) vi el momento perfecto para atreverme a ello.
Ya iremos viendo cómo va surgiendo todo, qué hacemos los días de 'mal tiempo' (quizá esos días, bien abrigados, nos brinden hermosas oportunidades de aprendizaje, ¡quién sabe!) y qué es lo que los alumnos van necesitando.
Además, este curso me encargo, junto mi compañera de departamento, de cuidar y regar las plantas del centro y de alimentar a varios gatitos que están en nuestro espacio.
¿No sientes VIDA a cada instante? Ese es mi 'ejercicio' estos primeros días de curso: sentir que el mundo es un lugar seguro y que respiro savia, salud y energía. Mis pulmones se llenan de aire y de aliento.
Si eres un alumno de latín y has llegado hasta aquí, ¿te apetece presentarte y contarnos qué esperas del latín y/o qué conocías de la materia?
Y si no lo eres pero igualmente te apetece escribir unas líneas, ¡no te cortes!
Espero que este curso que, de antemano, se presenta distinto, sea un curso lleno de peripecias. Que cuando llegue junio nos miremos con alegría y extendamos nuestra sonrisa al cielo.
Para aquellos docentes o interesados en una educación más natural, en contacto con la naturaleza, os comparto esta formación gratuita y muy interesante, que me han facilitado mis compañeros de FORN:
Si te animas a asistir, puedes apuntarte pinchando aquí, seguro que es un bálsamo en estos momentos de gran incertidumbre y de paralización a muchos niveles. Necesitamos un empuje que nos permita sentir nuestra brújula en buena dirección y la naturaleza para ello y para muchas otras iniciativas es una gran maestra y una incondicional compañera.
Bienvenidos a Cántame, Grecia otro año más.















